Una vez te enamores de su melodía la estarás escuchando por el resto de lo que te queda en vida. Da lo mismo si la hubieras escuchado en 1977 o en el 2049: es de estas canciones que carecen de definición en tiempo y espacio. Espacio, porque bien la puedes escuchar sentado en el toilette o durante la corrida por uno de esos paisajes idílicos de nuestra Isla. El tiempo con ella suprime la conciencia de lo que hagas o de lo que suceda a tus alrededores.
En cierto sentido, U2 siempre trasciende las épocas porque es una banda de rock especializada en himnos de estadio, y saben muy bien cómo llegar con sus canciones a las entretelas de tu corazón.
Personalmente pienso que Moment of Surrender es una de las mejores baladas rock que he escuchado en mi vida y la considero como uno puntos altos en la carrera de tres décadas de U2. En esencia, Bono personifica varias personas a la vez: normales, cotidianos y conscientes en ese momento de su propia miseria. Mi favorito es el drogadicto pidiendo que lo despojen de su mala suerte, de su incapacidad de salir en el hoyo en que se metió:
I’ve been in every black hole
At the altar of the dark star
My body’s now a begging bowl
That’s begging to get back, begging to get back
To my heart
To the rhythm of my soul
To the rhythm of my unconsciousness
To the rhythm that yearns
To be released from control
Sin embargo, él sabe muy bien que probablemente no lo hará porque está atrapado en un constante ciclo perdedor. Nadie se percata que el tecato existe y él no se da cuenta quien le pasa por el lado (o quien lo esquiva).
Pero la melodía misma es la que da esperanzas a estos personajes, que bien se encuentran cantando por medio de Bono, el frontman de U2. Moment of Surrender usa la lógica de los Alcóholicos Anónimos: para salir tu problema, tienes que reconocer que tienes uno, y debes rendirte a la posibilidad de que necesitas asistencia de otras personas.
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